jueves, 29 de junio de 2017

García Montero descubre las iluminaciones del ayer en La intimidad de la serpiente

Sorprende el hermetismo de "La intimidad de la serpiente", un hermetismo necesario para adentrarnos en los signos con los que la memoria revisa los pecados y virtudes del pasado.

Como si no hubiese otra manera de explorar el nicho de la serpiente, del conocimiento vetado y prohibido, el lenguaje de García Montero se caracteriza por un uso abundante de metáforas en una sucesión de versos que no dejan de describirnos estímulos, visiones, retazos y destellos de una infancia y una juventud que siempre creemos revivir tal y como sucedió. Pero el lenguaje miente y quizá ese hermetismo y ese regusto por la escritura modernista no son otra cosa que formas de paliar esa mixtificación con la que nuestro presente intenta huir de los males que nos aquejaron cuando éramos niños: "Salimos al balcón. Las doce campanadas,/ espuma limpia de cristales rotos,/ cayeron a las plazas de los años setenta" (pág. 129).
La profundidad del poemario radica en esa necesidad de ser nostálgico para afrontar el futuro, su incertidumbre, porque García Montero teme que la sucesión de desdichas se repita, pero esa sucesión no siempre es lamentable. La nostalgia también es un lenguaje en sí mismo, no solo una actitud ante el recuerdo; la nostalgia como una forma de ser siempre en el mundo y de escribirlo: "Detrás de aquella puerta/ y detrás de aquel nombre/ había una canción sobrecogida/ y una luz indefensa que opinaba del mundo/ como opinan los barcos sin regreso/ antes de comprender que nadie los espera" (pág. 97).
Publicado por Tusquets y Premio Nacional de la Crítica en 2003, "La intimidad de la serpiente" no está exento de una preocupación moral por las injusticias sociales que maltratan al grupo y hunden al sujeto en una clase de escepticismo ante la vida, que García Montero sublima desde la propia contemplación de la realidad y el paso del tiempo; unos milagros tan inasumibles como el hecho de escribir, pero de los que no nos podemos desprender y cuya evocación nos permite acceder a espacios desconocidos y de múltiples valencias semánticas: el fulgor por la vida, la rebeldía ante el hastío, el dolor de las ausencias, el ocultamiento del sujeto cuando se dispone a leer: "No conciben heridas./ Será porque recuerdan/ la pureza metálica del justo/ que agita su sermón/ más allá de las dudas y de las decisiones,/ clamando contra el filo de los sueños,/ contra la incertidumbre,/ sin asumir ninguna/ responsabilidad en la quietud,/ con su orden de muerte y de injusticia." (págs. 59-60).

Resultado de imagen de la intimidad de la serpiente

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu Opinión es Importante, Deja Tu Comentario: