viernes, 5 de diciembre de 2014

La crisis moral ha llegado al fútbol

Mi artículo en Mundiario sobre los insultos a Casillas.


   Sin renunciar a su teatrillo, el periodista Alfredo Duro declaró anoche en el programa televisivo El chiringuito que los abucheos recibidos el pasado sábado por el portero madridista, Iker Casillas, responden a la decadencia del fútbol en nuestro país y a la crisis moral de una sociedad que se consume poco a poco.

   No le puedo quitar la razón y los malos resultados del Real Madrid parecen alimentar la ira de los forofos contra algunos jugadores. Los insultos y silbidos ensordecedores contra un Casillas venido a menos y cabizbajo expresan cuán breve es la memoria y que nuestra sociedad dejó de creer en los héroes hace mucho tiempo.

  Nada disculpa, sin embargo, la mala educación que conduce al desquiciamiento de ese microcosmos que representan las gradas de un estadio como el Santiago Bernabéu. Porque, como espetaba Duro, la intolerancia y la obscenidad se han apoderado, por desgracia, de un deporte noble. No sé si es una mayoría o una inmensa minoría la que tiene la suficiente fuerza para causar en futboleros como yo un sentimiento de vergüenza ajena. Pero es cierto que los que cohibieron, insultaron y amenazaron a Casillas son esos mismos que escupen en la calle sin pudor, los que no recogen los mojones de sus perros cuando los sacan de paseo, los que incendian su boca con atroces sentencias en los estadios mientras sus hijos admiran la proeza, los que piensan que la mujer debe ser el reposo del guerrero y los que zarandean los coches de los árbitros en los campos de Segunda.

   Lo siento, Iker. De nada te valen ya tus títulos europeos, ni las dos Eurocopas, ni ser ese jugador determinante que nos dio un Mundial. De nada sirve tu dinero. Ya eres un héroe mortal e invisible para muchos. Como un médico, un investigador o un profesor, eres el sparring de los que odian el talento. No importa ya que vuelvas a tus orígenes, a tu esplendor. Estás marcado por la envidia y ahora tienes que pagarlo en un país que cree en el mal de ojo y escucha reggaeton en horas de siesta.

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