jueves, 9 de octubre de 2014

La niebla y la literatura: el escritor es un ciego que mira con ojos de perro


  No se puede pesar la niebla como tampoco se puede describir todo cuanto es percibido, todo cuanto se imagina tras los umbrales de la noche. La palabra es incompleta y los sueños se olvidan al cabo de los meses. Nada puede ser reconstruido, nada puede ser codificado en un mero signo. El incendio es más destructivo que la invasora expansión del bosque.

  El incendio y la germinación son fenómenos admirables, en algún momento comprendidos, pero que en el signo quedan reducidos a cenizas. El paisaje de las cenizas es sobrecogedor y estimulante como el vacío que rodea a los poemas; lo que queda por escribir, lo que no es asumible por el lenguaje, es más tentador que lo visible.

   Los glaciares son erosionados por corrientes de agua caliente. Las palabras que pronunciamos son borradas por otras que las suplantaron hace siglos. El escritor es un ciego que ve con ojos de perro, escribió en boca de Don Chepe, Miguel Ángel Asturias.

  Aceptamos el engaño para seguir sobreviviendo en este invierno inmóvil que nos entumece cuando creamos.

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