miércoles, 2 de julio de 2014

Marcus y la muchacha

  
  Marcus, que sabe leer en los ojos del amigo el descrédito y la incredulidad, rompe el hielo y comenta que una vez conoció a una joven en la fiesta del hipódromo, cerca de los estuarios de Essex. La invitó a bailar, pero ella, aun sintiéndose halagada, no quiso. Al final de la noche, caminaron descalzos hasta el centro del pueblo rodeando toda la feria. Los campos de centeno estaban inmersos en una claridad azul y, al llegar a la colina, el viento sopló muy fuerte y esperaron a que un coche imponente llegara hasta allí para recogerlos. Aquella noche fue la primera vez que se puso un cigarro en la boca mientras la muchacha se pintaba las uñas de los pies sobre la hierba. 

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