viernes, 21 de julio de 2017

Entrevista a la fotógrafa Paula González: "Me inspiro en Mario Testino porque tiene en cuenta hasta el último detalle"

Ha sido una de las mejores alumnas que he tenido hasta ahora dentro de mi actividad docente. Al igual que muchos de sus compañeros, la creatividad y el estudio, malogrados ahora mismo en las últimas leyes educativas, han formado siempre parte de su actitud ante la vida. Como muchos jóvenes de su generación, Paula González intenta salir adelante como freelance. Su interés por la fotografía como arte en evolución es evidente y trata de buscar ese lenguaje personal que la defina como artista en ciernes, estimulado por una aparente ingenuidad de ver las cosas.

"Aparente" porque, detrás de sus fotos, comienza a existir ese lenguaje abigarrado de Diane Arbus, una necesidad de retratar la superficie de los perfiles y los rostros para que el espectador analice otras identidades en los sujetos, más profundas e inciertas. 


Paula González. / Mundiario

 - El mero hecho de hablar ahora mismo de tu implicación con la Fotografía es hablar de unos orígenes.¿Cuándo se tiene conciencia de que un hobby o un mero entretenimiento puede llegar a ser una forma de ganarse la vida?
- Desde que era muy pequeña me apasiona la fotografía. El hecho de inmortalizar un momento a través de una imagen me parecía fascinante, llegó a entrarme bastante curiosidad, por lo que decidí comprarme una cámara réflex y comenzar a experimentar fotografiando todo aquello que me rodease. Tras pasar diversos años dudando sobre qué estudiar y a qué me gustaría dedicarme realmente, me decanté por la fotografía, que hasta ese momento era un simple hobby. Pero se ha convertido en mi trabajo y en mi vida. Además, me ayuda a evadirme de mis problemas, es mi propio mundo y me siento feliz con ello.
- ¿En qué consiste el trabajo de un fotógrafo freelance? De hecho, hay blogs, páginas webs, chats y grupos de Facebook donde son cada vez más frecuentes estos profesionales.
Un freelance es una persona que trabaja por su cuenta, por lo que ha de tener una gran cantidad de contactos, buscarse sus propios trabajos y sobre todo estar muy al tanto de las redes sociales, pues son las que hacen que te des más a conocer, sobre todo cuando eres fotógrafo/a,  ya que la gente ve tus fotos y te promocionas de esa forma.
- Veo en muchas de tus fotografías una obsesión por el retrato. ¿Tiene alguna justificación o simplemente es una forma de investigar en las posibilidades de tu creación?
- Cuando comencé a estudiar fotografía no tenía muy claro cuál era mi género, es decir, si me gustaba el paisaje, el fotoperiodismo, el retrato, etc. Sin embargo, tras realizar una gran cantidad de fotografías, supe que lo que realmente me gusta es retratar personas y reflejar su alma a través de la imagen. Me entusiasman las diferentes maneras que existen de sacar expresiones a las personas mediante una cámara de fotos. Además, mi sueño es trabajar como fotógrafa de moda, para revistas como Vogue, Vanity Fair, etc, ya que me encantan las poses de las modelos, el maquillaje, el vestuario y todo el atrezo necesario para hacer fotos de ese tipo. No es nada fácil, pero los resultados de las fotografías de moda son increíbles.
- ¿Qué opinas de aquellos puristas que se niegan a aceptar como fotografía los montajes o los collages con diversos materiales?
- Cualquier fotografía hoy en día lleva algún retoque, por mínimo que sea y , por eso, no estoy de acuerdo con el hecho de descartar  los montajes o los collages como fotografía, pues las imágenes nos llevan a mundos desconocidos, fantasiosos, a lugares que no podemos ver con nuestros ojos en vivo y en directo.
-¿Qué dificultades encuentra una emprendedora como tú a la hora de lanzarse a un mundo tan competitivo como este?
La verdad es que me encuentro con muchas dificultades, principalmente porque estoy empezando y apenas soy conocida, por lo que tengo que hacer muchas sesiones gratis o excesivamente baratas para poder promocionarme.
Además, como hoy en día todo el mundo tiene un móvil, puede hacer fotos y la gente piensa que ser fotógrafo es apretar el botón de la cámara y ya está, cuando realmente lleva un gran proceso. Tienes que promocionarte mucho en las redes sociales, Facebook, Instagram, etc, para conseguir que vean tu trabajo y te contraten; tener muchísimos contactos y buscar clientes que queden satisfechos y corran la voz de que existes. Luego está el momento de hacer la foto, tienes que estudiar la luz, tanto si es en exterior como en interior, así como el escenario y las diversas poses, hacer que el /la modelo esté cómodo/a, para sacar su alma en la imagen. Después llega el momento de edición, depende de lo que se quiera hacer llevará más o menos tiempo y finalmente la entrega de las fotografías.
Poca gente sabe todo el trabajo que hay detrás de una fotografía y sinceramente, me gustaría que se valorase más.
- Hablar de un trabajo con proyección estética es también hablar de sus influencias. ¿Qué artistas te inspiran?
- Dado que me gusta la fotografía de moda me inspiro en Mario Testino, por su manera de trabajar, tiene en cuenta hasta el último detalle en cada una de sus fotografías y busca escenarios únicos.
Otro fotógrafo que me entusiasma es Guy Bourdin, ya que sus imágenes están llenas de color y  por mucho que pasen los años no pasan de moda, en ellas inyectó locura, perturbación y ansiedad, algo innovador en el siglo XX.
Quiero añadir también a Annie Leibovitz, ya que crea mundos de fantasía con sus fotografías, creando escenas que resultan atractivas y agradables para el espectador.

Facebook - Instagram: Paula González Photography.

Verano. / Paula González








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miércoles, 12 de julio de 2017

Manos atadas

Manos atadas. 
Lisiada luz al fondo del túnel.
No existe un tiempo concreto,
sino su continuidad. 
Por eso, suceden los cuerpos,
se quiebran tras herirse.
Manos atadas.
La vida es nada. Descansas
después de la misma visión.
Se agitan las llamas.
Un hombre llama a otro.
No lo reconoce todavía.
Se parece a su padre.
Están muertos. Caminan
entre los prometidos árboles. Piensan
que, en el repecho, alguien,
que ha renunciado a mirar,
los soltará para empezar de nuevo.



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viernes, 7 de julio de 2017

No encuentras el camino

No encuentras el camino
que mostró tu padre a otros hombres.
El espliego abandona la senda
como hicieron los pájaros,
en silencio. Eran brasas.
Algo se pudre en tu interior
y ahora esperas que la luz
lo disipe. Quisieras estar en el lugar
de la sombra que ahuyenta
las llamas. El fuego
ha dictado sentencia demasiadas veces.
Las miradas que en la oscuridad
se reparten no conocen el alivio.
Nadie sabrá por qué escribiste
esas pisadas en la nieve.

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Un libro para niños y mayores, El libro de los guarripios, de Arnod Lobel

Lo que caracteriza al libro de Arnold Lobel es su habilidad para conmover desde unas ilustraciones definidas por suaves texturas llenas de matices. Esa tonalidad y ese trazo otorgan a estas fábulas sobre cerdos un aura de nostalgia y melancolía.

El uso del limerick, estrofa de cinco versos con rima consonante, nos descubre debajo de cada ilustración un universo propio en el que los cerdos viven sus particulares aventuras. Pese a ese rasgo nostálgico que desprenden muchas de sus composiciones, el tono humorístico del limerick pervive en esta clase de texto: "Había una cerda en Tudela/ que hacía pastel de ciruela./ ¡Y cuántos vecinos/ -marranos, cochinos-/ comían pastel de la abuela!" (pág. 16)
La personificación del animal pasa por la paradoja, los engaños y los problemas cotidianos que convierten a los cerdos en algo más que seres humanos; más bien en motivos o alegorías de lecciones morales donde el humor y la crítica a las preocupaciones innecesarias gobiernan su mundo: "Un cerdo vivía agobiado/ al no ver su rabo enroscado./ Cambió las papillas/ por pasta y rosquillas/ y el rabo quedó enrosquillado" (pág. 12)
La traducción de Miguel Azaola logra mantener el ritmo y la rima de los textos de Lobel, cuyo dibujo inconfundible se caracteriza por la ternura que otorga a diversas situaciones en los que estos guarripios se encuentran en apuros, algunos de difícil solución, como dictan algunos de estos limericks.



Portada de El libro de los guarripios./ Kalandraka

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martes, 4 de julio de 2017

Poema de La quietud

Que era transparente e incierto. 
Tu sitio. Me esperas 
después de esta vida. Lo que observas 
se queda, como ese niño que fui, 
lejos, tan lejos, traído a ese pasillo 
oscuro donde alguien me esperaba. 
De otro tiempo. Es la quietud, 
otro recuerdo, la última vez 
que se lastima. Presientes que volverá 
a suceder, que una extraña razón, 
también oscura, 
hace inseparables a los vivos de los muertos.


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Los días del tiempo, de Ramón Bascuñana, versa sobre la belleza de lo efímero

  A través de un lenguaje sutil y preciosista, Bascuñana reflexiona sobre la caducidad de la vida en este poemario que cae en mis manos después de muchos años. Su tributo al Modernismo es evidente desde las primeras composiciones creando una serie de paraísos artificiales que resultan ser espejismos de una realidad de la que el sujeto desea evadirse a través de la belleza formal que el autor oriolano rescata de su memoria literaria. En esa memoria literaria, los recursos destacan sobre escenarios idílicos y pictóricos. Las analogías a las pinturas de Muncha resuenan en esa trama arquitectónica en la que la vida fluye dentro de su propio espacio ficticio, distopías que se regeneran una y otra vez para que la vida emerja con un tono de dicha y celebración constantes: "A la luz del otoño tiene la adolescencia/ versos de amor y música callada,/ largos paseos en malas compañías/ -pues lujuria y deseo son malos consejeros,/ según dicen algunos -, y cierta rebeldía/ que ahora me permite escribir estos versos/donde el otoño tiñe de nostalgia el recuerdo". (pág. 10)

  Sin embargo, creo que, en el poemario, hay dos partes bien diferenciadas: poemas que reflexionan sobre la nostalgia como discurso de los sentimientos y otros poemas, al final del libro, donde la muerte es un tópico que obsesiona al poeta a través de diversos personajes y motivos estéticos, identidades donde el autor camufla esa sensación de desesperada soledad que supone envejecer y ser consciente de que la muerte siempre es un final prematuro: "Como lugar extraño, la vida. De paso siempre. En tránsito. /Sin otro afán que los versos/ y su vano empeño en atrapar el paso tan lento de los días./ Sobrevivir en temporada baja/ donde nadie: una ciudad costera,/ la casa prestada de un amigo". (pág. 37)
  En poemas como "Stormy weather" o "El ángel exterminador" la notoriedad de la muerte conduce al poeta a reflexionar sobre el pasado con rencor y violencia, nada que ver con la dicha nostálgica de unos poemas que, al principio, cautivan por la pureza ebúrnea de su arquitectura.
  Según vamos leyendo, la belleza formal desaparece para, sin abandonar su decadentismo, enfrentarnos a la humana condición de ser mortal y saberlo y sentirlo, como expresa el propio autor en "Magnum miraculum est homo". Y, sin embargo, pese a la dureza del acontecimiento que Bascuñana trata con amargura, la muerte, su muerte, parece hermosa, mejor dicho, lo es, como leemos en ese poema que me ha fascinado sobre el suicidio de Sylvia Plath: "He afilado los cuchillos y los versos./ Deseo ser una mujer perfecta y resplandeciente./ Las abejas liban mi corazón vendado./ Quiero escapar, pero se ensañan con mi sangre./ Huelo la húmeda tierra que será mi tumba" (pág. 50). @ManuelGarciaOri

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Bernhard escribe sobre la soledad de la locura en El sobrino de Wittgenstein

 Lo bueno que tienen escritores como Thomas Bernhard es que, cuando comienzas a leerlo, descubres un mundo propio e inédito. Y eso no es fácil. Las obras  del autor holandés se caracterizan por una profundidad sentimental donde los tabúes saltan por los aires. El escritor de El aliento o El frío no se muerde la lengua cuando tiene que enfrentarse a temas tan traumáticos como la pérdida de la razón, las adicciones o el suicidio.

  Bernhard encuentra en estos temas puntos en común con la creación musical o literaria. El sobrino de Wittgenstein, en Anagrama (colección Compactos), nos relata la amistad del escritor con Paul, sobrino del filósofo del Tractatus. Refiere los últimos años de una amistad inspirada en la sinceridad que un enfermo mental es capaz de demostrar a nuestro autor pese a la erosión de la depresión y una significativa apatía hacia el mundo que lo rodea.
  En las páginas de esta novela, la melancolía se mezcla, sin embargo, con un tono ilusionante y celebratorio de la propia enfermedad de Paul, porque el amigo no es un hipócrita, es un ser instintivo, auténtico, sincero. Su confinamiento en diversos hospitales mueve a Bernhard a hablar también de su propia existencia, de la soledad enfermiza que Paul y él comparten. Las conversaciones, los recuerdos y las enseñanzas morales que se desprenden del histrionismo y la decadencia de Paul ilustran este retratro personal del propio autor, donde inexorablemente creación y obra literaria están unidas por el aislamiento que produce la enajenación mental.
  "El mundo de los sanos recibe al enfermo que vuelve a casa sólo con aparente amabilidad, sólo con aparente altruismo, sólo con aparente abnegación; pero si el enfermo pone realmente a prueba esa amabilidad y ese altruismo y esa abnegación, se revelan como buena disposición sólo aparente y, por consiguiente, afectada, a la que el enfermo hará mejor en renunciar. Pero, como es natural, nada es más difícil que la verdadera amabilidad y el verdadero altruismo y la verdadera abnegación, y la frontera entre lo verdadero y lo aparente es también ese aspecto difícil de tratar. Creemos durante mucho tiempo que se trata de algo verdadero cuando, sin embargo, sólo se ha tratado de algo aparente, ante lo que durante mucho tiempo hemos estado ciegos. La hipocresía de los sanos hacia los enfermos es la más difundida. En el fondo, el sano ya no quiere tener ya nada que ver con el enfermo y no le gusta que el enfermo, hablo de un enfermo realmente grave, pretenda de repente tener derecho a la salud." (pág. 69)

Portada de El sobrino de Wittgenstein./ Anagrama
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viernes, 30 de junio de 2017

Cuando la televisión acabó con una estrella de la política llamada Trump

Se parece demasiado a los políticos españoles. Ese es el problema de Trump, que recuerda mucho a esos políticos de melenas o del Opus que han visto en la televisión y en El Hormiguero una forma de hacer campaña y no gestión política.
El problema de Trump es que lo han votado millones de americanos y él piensa que lo han votado millones de televidentes para que gane Gran Hermano o Supervivientes. Trump quiere ser Belén Esteban, porque, en América como en España, las poltronas se ganan desde la popularidad y las promociones de la teletienda.
La política ya quedó lejos de esta arena. La política es el capital, así que todos los políticos, los nuestros sobre todo, se parecen a Trump y Trump se parece cada vez más a su mujer y a todos esos ángeles de Victoria´s Secret. Porque lo importante para gobernar es parecerse a Pablo Iglesias en la Sexta Noche o a Marhuenda, o a Inda, o a la reina de las fiestas de mi pueblo. Porque, hace tiempo, mucho tiempo, que la televisión mató al político, como el vídeo-clip a la estrella de la radio.
A mí me gusta Trump porque me recuerda a los ángeles de Victoria´s Secret, y porque me recuerda que ya no votamos a políticos, sino a estrellas de la tele que hacen de nuestras vidas su Monopoly, su GH Vip y su Call of Duty. Y eso es maravilloso en un mundo, donde la gente ya no se pelea a la salida de los bares, sino en un hagstag.

Donald y Melania Trump./ Efeestilo
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jueves, 29 de junio de 2017

García Montero descubre las iluminaciones del ayer en La intimidad de la serpiente

Sorprende el hermetismo de "La intimidad de la serpiente", un hermetismo necesario para adentrarnos en los signos con los que la memoria revisa los pecados y virtudes del pasado.

Como si no hubiese otra manera de explorar el nicho de la serpiente, del conocimiento vetado y prohibido, el lenguaje de García Montero se caracteriza por un uso abundante de metáforas en una sucesión de versos que no dejan de describirnos estímulos, visiones, retazos y destellos de una infancia y una juventud que siempre creemos revivir tal y como sucedió. Pero el lenguaje miente y quizá ese hermetismo y ese regusto por la escritura modernista no son otra cosa que formas de paliar esa mixtificación con la que nuestro presente intenta huir de los males que nos aquejaron cuando éramos niños: "Salimos al balcón. Las doce campanadas,/ espuma limpia de cristales rotos,/ cayeron a las plazas de los años setenta" (pág. 129).
La profundidad del poemario radica en esa necesidad de ser nostálgico para afrontar el futuro, su incertidumbre, porque García Montero teme que la sucesión de desdichas se repita, pero esa sucesión no siempre es lamentable. La nostalgia también es un lenguaje en sí mismo, no solo una actitud ante el recuerdo; la nostalgia como una forma de ser siempre en el mundo y de escribirlo: "Detrás de aquella puerta/ y detrás de aquel nombre/ había una canción sobrecogida/ y una luz indefensa que opinaba del mundo/ como opinan los barcos sin regreso/ antes de comprender que nadie los espera" (pág. 97).
Publicado por Tusquets y Premio Nacional de la Crítica en 2003, "La intimidad de la serpiente" no está exento de una preocupación moral por las injusticias sociales que maltratan al grupo y hunden al sujeto en una clase de escepticismo ante la vida, que García Montero sublima desde la propia contemplación de la realidad y el paso del tiempo; unos milagros tan inasumibles como el hecho de escribir, pero de los que no nos podemos desprender y cuya evocación nos permite acceder a espacios desconocidos y de múltiples valencias semánticas: el fulgor por la vida, la rebeldía ante el hastío, el dolor de las ausencias, el ocultamiento del sujeto cuando se dispone a leer: "No conciben heridas./ Será porque recuerdan/ la pureza metálica del justo/ que agita su sermón/ más allá de las dudas y de las decisiones,/ clamando contra el filo de los sueños,/ contra la incertidumbre,/ sin asumir ninguna/ responsabilidad en la quietud,/ con su orden de muerte y de injusticia." (págs. 59-60).

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domingo, 25 de junio de 2017

Los últimos años de la magia convierte la fantasía en un relato histórico





Portada de Los últimos años de la magia./ Planeta libros




Premio Minotauro 2016, la novela de José Antonio Fideu es un tributo personal a lo fantástico como fuente de conocimiento.Un muchacho llamado Aurelius, sin más aspiraciones en la vida que regentar una taberna familiar, se encuentra casualmente con el mago Houdin que acaba de llegar a Londres.

A partir de ese encuentro, la realidad tal y como la conocía deja de existir para introducirse en otro mundo donde la diferencia entre verdad y ficción cada vez es más difusa. Creo que el autor maneja cuatro constantes muy interesantes en este relato que aportan solidez y verosimilitud a la trama, pese a ese componente sobrenatural que rezuma el argumento desde el primer momento que comenzamos a leer.
1) La novela de Fideu es una novela donde se mezcla el costumbrismo con una mitología propia de cuentos de hadas y leyendas artúricas; las lecturas que el autor ha hecho de la tradición española y británica subyacen en la propia elaboración del relato: Dickens y cierto regusto a El Buscón o al propio Lazarillo destacan en sus primeras páginas. Fideu logra así una atmósfera en la que el espacio circense, las callejuelas y las tabernas se convierten en un particular microcosmos en el que Aurelius sufre su mayor transformación vital. Estos ambientes zafios y lóbregos apuran esa necesidad de la ensoñación por parte del protagonista y del propio lector.
2) Hay una tendencia filmográfica en la narrativa de Fideu, pues el autor es minucioso en la descripción de los acciones. Se percata de los detalles, como si los personajes, en su mayor parte seres provenientes de lo mágico, necesitasen los cinco sentidos en plena ebullición para sobrevivir. Las descripciones se hilvanan con la textura narrativa, dejando al receptor la sensación de estar ante una obra trabajada, depurada y revisada una y otra vez para conseguir ese efecto en el que el ritmo resulta natural, pero que no lo es, sino que surge de una rigurosa selección del léxico y las estructuras expresivas.
3) La visión de la magia como un fenómeno que puede redimirte o condenarte . Esa es la clave de lectura en la que opera Fideu a lo largo de la narrativa. La alusión a Houdin, a Andersen o a Nikola Tesla nos revelan ese lado oscuro del misterio y lo sobrecogedor, pues, Fideu, parte del concepto de magia, no como un mero entretenimiento, sino como una forma de conocer, de amar, de desesperarse en la ambición por saber qué se oculta más allá de las certidumbres.
4) Fideu es un continuador de una tradición literaria que, en este país, ha tenido numerosos altibajos. Seguramente, la aparición de Olvidado Rey Gudú, de Ana María Matute, y la incorporación de voces como la de Laura Gallego parecen haber rescatado de lo proscrito a este género. La obra de Fideu contribuye sin duda a esa progresión de lo fantástico en nuestro país, aportando una atractiva mezcolanza entre ficción e historia como análisis de un tiempo concreto, en este caso, el siglo XIX.
Son estas características y la construcción de tramas paralelas a la principal las que aportan esa visión coral a la obra con gran cantidad de personajes que, como si se tratara de un invisible laberinto, conviven, pelean, dialogan y se reencuentran continuamente. Ese regusto al Opus Nigrum, de Yourcenar, parece avivar esa percepción mística de la magia, rescatando del anonimato y de la inmundicia a un muchacho que se verá envuelto en una serie de aventuras; un rito iniciático con el que ha de explorar los misterios se alojan más allá de lo corriente y lo previsible.
"Los días siguieron consumiéndose sin que la oscuridad acudiera con demanda alguna, de tal forma que no tardaron en recuperar la esperanza. De vez en cuando, el dragón asomaba la cabeza, o se alzaba sobre las olas para volver a zambullirse junto a ellos. En un par o tres de ocasiones llegó incluso a desplegar sus alas y saltó mostrándose extrañamente contento. Incapaz de apartar la vista de aquel espectáculo asombroso, Aurelius se preguntó cómo habría logrado ocultarlo maese Caliban. La palabra enorme se quedaba pequeña para describir la colosal majestad de aquel ser". (pág. 271)
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domingo, 18 de junio de 2017

El mercado de la memoria, una novela de frontera, de Enrique Sacerio-Garí

Portada de El mercado de la memoria/ Endymión



El título ya es una clase de revelación y, sin duda, el argumento de esta novela de Enrique Sacerio-Garí profundiza en el desenmascaramiento de la mayor de las manipulaciones mercantilistas: el propio conocimiento de la Historia.
Lo que comprobamos en esta novela, publicada en Endymión, es un análisis riguroso y pormenorizado de la evolución política cubana a lo largo del último siglo. La ficción se convierte en una clase de pacto comunicativo, lleno de certidumbre y de estudio, en el que el lector indaga no solo en la biografía de una serie de personajes, sino también en un conocimiento de las claves que definen la evolución histórica y cultural de una comunidad que vive continuamente en la paradoja del nacionalismo y el exilio.
Todas las biografías de los personajes de esta novela giran en torno al Instituto San Carlos, fundado por exiliados cubanos en 1871 como un centro educacional y patriótico, claro ejemplo del alcance de la manipulación de los datos históricos, de las consecuencias sociales que conlleva un pensamiento monolítico, por intereses lucrativos y corruptelas, alrededor de un conflicto político y cultural como es el exilio y los exiliados de Cuba en Estados Unidos.
Sin duda, podemos calificar esta novela dentro de ese atrayente y revelador género de la novela de frontera, un análisis del bien y del mal a través de dos espacios, a través de una confluencia en la que Estados Unidos y Cuba se convierten en escenarios geográficos y políticos que elevan y someten a sus personajes. La frontera no es solo la geografía, sino esa frontera moral en la que viven los personajes, relegados a moverse continuamente bajo la sospecha y el recelo, presionados por sus propios conflictos internos como consecuencia de su posicionamiento ante el régimen cubano.
 Recuerdo todavía una ponencia que tuve que preparar hace unos años sobre la obra de Reinaldo Arenas, escritor irreverente y magnífico que tuvo que exiliarse una vez que la dictadura de Fidel echó raíces, y he sentido ese mismo sobrecogimiento al leer la obra de Sacerio-Garí, la voz narrativa que surge por la necesidad de hacer visible lo que mediáticamente e históricamente conviene que permanezca invisible, especialmente en estos momentos de aparente apertura en Cuba.
Los personajes masculinos, pero especialmente los femeninos, son víctimas de la persecución del pasado, de la mentira, de un trauma inyectado en sangre, que se hereda de generación en generación, un estigma que los doblega y los conduce a su elevación o a un definitivo hundimiento a lo largo de la novela.
Dentro de esa insurgencia que representa el enfoque crítico del relato hacia la malversación de datos con fines políticos, la heterodoxia de discursos también es otra de las cualidades de esta novela marco: documentos históricos, textos expositivos, narraciones costumbristas y un lirismo evidente en las descripciones contribuyen a que esta novela coral transcienda la propia verosimilitud de ese pacto comunicativo del que hablábamos, para convertirse en testimonio, en una clase de protesta verídica, no verosímil, por la memoria de los exiliados,de los invisibles exiliados. 

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martes, 13 de junio de 2017

Las avenidas de la muerte, de Ramón Bascuñana, poemas de una infeliz nostalgia

Tomo café con el poeta oriolano. Hablamos de lo divino y de lo humano, de lo mal que está el negocio editorial también. Me entrega su poemario de 2003, Las avenidas de la muerte, Premio de Poesía Julio Tovar y publicado por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Después de unos días, comienzo a leerlo y me sobrecoge la agudeza y la inteligencia técnicas de este libro a la hora de evocar situaciones cotidianas que todos alguna vez hemos vivido y que nos involucran en una misteriosa composición de la vida a través de los recuerdos.

  Misteriosa composición basada en el pesimismo de no haber escogido la vida que se quería y al mismo tiempo basada en la aceptación de la vida que le ha tocado vivir, donde el poeta extrae sus momentos trágicos y otros que reivindica como dichosos y eufóricos: "(...) pero a pesar de todo me he comprado un coche/ nuevo y un mapa de carreteras para viajar/ por el país quizás si busco bien pueda encontrar/ en algún cruce de caminos al ángel triste/ que vigila el fracaso de mis sueños perdidos" (pág. 31).
 Estos poemas son trazos biográficos que miran al futuro con escepticismo, pues el pasado se ha volatilizado y solamente quedan impresiones anodinas y un sustrato de infelicidad que obliga al creador a defenderse en la escritura de esos miedos que lo atenazan, como si la virulencia de lo antaño pudiera repetirse en el presente: "(...) he vivido una vida que no elegí/ he pagado deudas que no contraje/ he soñado sueños que no recuerdo/ he viajado por mundos que no existen/ he matado gente que no conocí/ he escrito versos que no recuerdo (...) (pág. 28).
 Hace tiempo que un libro de poemas no me emocionaba tanto por esa sensación de acabamiento, de revelación cuando la infancia y la juventud se convierten en tiempos de desengaño ante una vida que nos espera con imprevisibles derroteros, pero que Bascuñana advierte como una repetición de los acontecimientos ya vividos. Quizá sea esa combinación de realismo y belleza formal la que nos adentra en esa paradoja, atrayente, iluminadora, donde la felicidad o la infelicidad son relativas, pues lo verdaderamente importante es resistir en esas avenidas de la muerte: "(...) vivimos en habitaciones separadas/ tú habitas en la luna/ yo habito en la certeza" (pág. 45).

Las avenidas de la muerte, de Ramón Bascuñana/ MGP
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lunes, 5 de junio de 2017

Criando ratas, una película de Carlos Salado sobre la decadencia y la derrota

  Más que recomendable para proyectar en algunas clases de instituto, Criando ratas es una película de Carlos Salado que rescata ese cine neoquinqui de los ochenta.
 Ambientada en algunos barrios de Alicante, la película muestra con un notable realismo el hundimiento moral y económico de algunas comunidades humanas como consecuencia de toda una sólida estructura de vasallaje en torno a la droga, la prostitución y el robo.
 Nadie puede ver esta película como se ve una obra de Haneke. La falta de presupuesto y las dificultades de rodaje hacen de esta cinta una narración con más de una incongruencia, con saltos temporales que despistan al espectador. Pero se le perdona, porque lo bueno es su capacidad hipnótica, su retrato sufriente e intimista que vemos en personajes hechos con una crudeza admirable, valga la antítesis.
 Los actores lo bordan en algunos momentos pese a ser gentes anónimas y sin recorrido artístico; algunos provienen de la marginación. Salado hace visible lo invisible, pone encima de la mesa la depresiva realidad social en la que se sumergen cientos de familias que parecen inexistentes, sacadas de otro tiempo, de otro lugar que damos por borrado, pero no. Lo que muestra Criando ratas existe todavía y la película denuncia la inacción política,educativa y jurídica ante problemas sociales que acaban devorando a víctimas y verdugos. El presentismo como forma de supervivencia conduce a eso, a lo efímero, a la caducidad instantánea, a morir joven, a encontrar en el trapicheo y en la extorsión maneras de resistir mientras otros miramos a otro lado. Triste.

                                 Criando ratas. / ABC
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Un poemario publicado por Chamán Ediciones: El libro blanco, de Augusto Rodríguez

 Me sumerjo en El libro blanco. Estoy en Madrid, concretamente en un Starbucks de Callao. Leo este libro del tirón y vuelvo a algunos textos que me han parecido sobresalientes. La obra de Augusto Rodríguez es una memoria biográfica del dolor ante la ausencia. El poeta descubre en el cáncer de su padre el sentido de esa sinrazón que es el propio desarrollo de la vida; la mortalidad y la agonía se nos revelan como espacios de conocimiento y de motivación hacia la escritura: "Abriremos un bosque nuevo con el impulso claro y desafiante de las palabras. El diálogo tiene que ser un puente entre el cerebro y la fantasía" (pág. 83).

 Chamán Ediciones apuesta por la obra de un autor que se maneja notablemente en la prosa poética, en el verso y en el aforismo, un autor que es hábil a la hora de indagar en uno de los tabúes de nuestra sociedad y que no es otro que el miedo a morir y el miedo a contemplar los nefastos efectos de una enfermedad en una persona que fue importante para nosotros: "Todo lo que conocemos se está volviendo polvo y azufre. Lo que sientes en tu corazón ya no lo sentirás más" (pág. 125).
 Hipérboles y visiones estremecedoras contribuyen a ese carácter fractal del libro en el que Augusto Rodríguez reconoce que el lenguaje es inefable, que su origen está reñido con la incapacidad para nombrar aquello con que la propia naturaleza nos escarmienta. La enfermedad es una forma de escribir los recuerdos, de olvidar lo malo, lo que parece ajeno, pero que está unido a nosotros a través de la savia, la sangre, el gen.
 Escribir y enfermar se abrazan en este Libro blanco como única posibilidad de escape, de liberación ante la incomprensión de por qué vivimos y de por qué hemos de morir: "Tal vez seremos la escritura rebelde que el agua no se lleva. O tal vez estemos condenados para siempre, a vivir como enfermos entre las cuatro paredes de este mundo". (pág. 73) Y, pese a esa condena, Callao no cesa.

                               Portada de El libro blanco/ Chamán                 
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